Dictadura Iglesias Uruguay
Resistencia o sumisión: las religiones frente al golpe militar
22 julio, 2019
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Los grupos religiosos tomaron diversas posturas antes, durante y después de la dictadura cívico militar. Hay casos individuales y colectivos de resistencia frente al autoritarismo primero civil y luego militar; figuras como las de monseñor Carlos Parteli y el pastor Ademar Olivera son buenos ejemplos de ese tiempo de lucha. Del otro lado, tenemos grupos que fueron instrumentalizados por el régimen, autoridades que buscaron beneficios del régimen y misioneros que llegaron desde Estados Unidos con misiones duplicadas. No falto un férreo control a grupos religiosos “subversivos” y una propaganda anticomunista, enmarcada en la estrategia del Plan Cóndor, con una dimensión religiosa, incluso en Uruguay.

Según el decreto presidencial del 19 de mayo, el Grupo de Trabajo sobre Verdad y Justicia tiene como objetivo “brindar a las víctimas, sus familiares y la sociedad en su conjunto mecanismos adecuados para la Verdad, la Justicia, la Memoria y las imprescindibles Garantías de No Repetición.” Sus integrantes son los legisladores frenteamplistas Felipe Michelini y Macarena Gelman, Emilia Carlevaro como representante de Familiares de detenidos desaparecidos, el pastor metodista Ademar Olivera (miembro fundador del Servicio de Paz y Justicia, Serpaj), el historiador católico Mario Cayota (ex presidente del Partido Demócrata Cristiano y ex embajador de Uruguay en el Vaticano), la mae Susana Andrade (presidenta de la Federación Afroumbandista del Uruguay y diputada suplente del Frente Ampio por la lista 711) y Pedro Sclofsky, ex presidente por tres veces del Comité Central Israelita.

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Javier Miranda, director de Derechos Humanos, se declara enfáticamente agnóstico -la existencia o no de Dios no es una preocupación para él-, pero también aclara que lo religioso en la sociedad uruguaya es importante y existe un vinculo entre la integración de este grupo de trabajo y el tema religioso.

-Están los antecedentes del trabajo del SERPAJ, desde sus orígenes vinculada a los sectores progresistas de las iglesias, en derechos humanos y en la fundación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, aproximadamente en 1982. La Iglesia Metodista estuvo presente a través del trabajo de Ademar Olivera en la actividad por el referéndum, la marcha por el silencio y el trabajo junto a muchos referentes del mundo religioso.

Miranda recuerda además el interés de Familiares de Detenidos Desaparecidos por la experiencia de Chile. En los 90, en Chile se incorporó un “grupo de garantes” para el diálogo con las cuatro fuerzas armadas y los referentes de las organizaciones de los desaparecidos, que estaba conformado por científicos, religiosos y masones.“Estas presencias podrían facilitar en sectores que los grupos de familiares no podíamos entrar, como la jerarquía religiosa y militar”, opina Miranda.

También aquí, a partir de 1995r, se intentó mediar entre Familiares, gobierno y militeres. Entre quienes se ofrecieron a colaborar estaban Monseñor Pablo Galimberti, el escritor Mauricio Rosencof (de origen judío y antiguo dirigente del Movimiento de Liberación Nacional-Tumpamaros) y el dirigente político Rafael Michellini (hijo de Zelmar, asesinado en dictadura).

-En esa época nos reuníamos en la casa de Rosencof, con Luis Rosso, de la Iglesia Metodista y Elias Bluth u otro enviado de la comunidad judía. Buscábamos espacios de articulación, de acercamiento y romper la impunidad- dice Miranda.

Muchos se sorprendieron cuando en 1997 Pedro Sckolfsky, entonces presidente del Comité Central Israelita, realizó una declaración contundente a favor de la búsqueda de los desaparecidos.

-El Comité Central nunca había permitido hablar de eso tan frontalmente. Creo que Tabaré Vázquez considera esto como fundamental- afirma Miranda.

Otro hito de este proceso es la creación en el año 2000 de la Comisión para la Paz,.Instituida por el presidente Jorge Battle y presidida por el arzobispo Nicolás Cotugno, estaba integrada por el sacerdote Luis Pérez Aguirre por Familiares de Detenidos Desaparecidos, delegados del Pit CNN y representantes de los tres partidos políticos mayoritarios.

En el Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia, en cambio, no existe representación de organizaciones o partidos.

-Las personas que conforman el grupo de Verdad y Justicia, a diferencia de lo que dicen siempre las notas de prensa, no son representantes de las organizaciones religiosas o sociales de las que participan. En todo caso son representativos de sus organizaciones religiosas, excetpo en el caso de Familiares-, dice Juan Andrés Roballo, pro secretario de Presidencia

El presidente tuvo en cuenta la notoria participación de esas sensibilidades religiosas y sociales, su vinculo histórico con el tema DDHH, su compromiso y trayectoria para poder llevar adelante el propósito del grupo de una forma más eficiente” remarcando el carácter amplio y funcional del grupo”, agrega Roballo.

Para el historiador Mario Cayota, la participación de personas de diversos grupos religiosos encuentra su explicación en la compresión de la laicidad del presidente Vázquez: “La laicidad es diferente al laicismo e incluye el reconocimiento de los sectores religiosos, su aporte y peso. Para el ex-embajador, la conformación del grupo es una alternativa estratégica que busca su estabilidad.

Sin embargo, la ausencia de grupos considerados históricos en esta temática motivó algunas críticas, que luego se disiparon. Un hecho no menor es que una semana antes del anuncio de la creación del grupo “se filtró” desde el Vaticano la información de que el papa Francisco estaba dispuesto a colaborar en la búsqueda de los desaparecidos y que proponía la creación de una comisión al estilo de la de Sudáfrica. En ese país, tras la caída del régimen del apartheid, las iglesias de jugaron un rol fundamental en el proceso de reconciliación. La figura paradigmática fue Desmond Tutu, arzobispo anglicano que había obtenido el premio Nobel de la Paz en 1984

A los pocos días de que se pusiera en circulación la idea de Francisco, el entonces arzobispo Daniel Sturla viajó al Vaticano y fue nombrado cardenal el mismo 13 de febrero en que Vázquez anunció la conformación del Grupo de Trabajo. A su regreso Sturla aclaró que él y las autoridades de la Iglesia no habían sido consultadas. Sobre Cayota, Sturla afirmó: “no representa a la Iglesia Católica”, y también dijo que Francisco “no ofreció colaboración en este tema”.

Roballo sostiene que no hay vínculo entre la propuesta del Papa Francisco y la de Vázquez: “La temática de los derechos humanos está en el programa de gobierno del Frente Amplio. Esto es un compromiso del programático y del proceso electoral que es central en el discurso del presidente. El anuncio de medidas concretas fue anterior al pronunciamiento de Francisco. No tienen nada que ver la propuesta concreta de trabajo que hace el presidente Tabaré Vázquez y la propuesta al estilo de Sudáfrica. Utilizar el mecanismo de la confesión y perdón puede estar bien para la vida privada de una persona, pero en nuestro país no se van a utilizar esos mecanismos”.

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La apuesta del presidente Vázquez puede ser leída como un intento de bajar conflictividad en un tema delicado, buscando representación de otros actores sociales no partidarios. ¿Será suficiente? La ejecutividad y la funcionalidad parecen ser la prioridad del presidente, pero la falta de presencia institucional de las religiones como tales, la ausencia de actores de peso (PIT-CNT, partidos políticos, masones) quizás debiliten la propuesta. Salvo que el presidente no haya mostrado todas las cartas, y tenga reservado para sí el acceso a otros sectores.

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Las instituciones religiosas son permeadas por el clima político de su tiempo. El golpe de 1973 generó diversas reacciones entre las distintas comunidades: solidaridad, polarización interna, miedo, quiebres y en algunos casos. mayor encierro.

Cientos de referentes religiosos fueron detenidos duirante la dictadura cívico militar. Mientras que algunos simpatizaron y colaboraron con el régimen, otros resistíeron en los reductos de libertad que las iglesias ofrecieron durante aquel tiempo.

-En esas épocas de avasallamientos de derechos y garantías ciudadanas. .) sufrimos el acoso de los gorilas en el corazón de los propios rituales. Era cotidiano que en medio de una sesión cayera una redada de las fuerzas conjuntas e hicieran detenciones grupales y nos tuvieran vestidos de religión toda la noche en una comisaría, en calabozos y cercanos a veces a los tachos de torturas donde se aplicaba la técnica de ahogamiento llamada “submarino”, averiguando absolutamente todo de cada persona detenida ilegalmente- dice Susana Andrade.

El Informe Rockefeller, coordinado en 1969 por el dirigente político Nelson Rockefeller tras una visita a cuatro países latinoamericanos, alertaba al gobierno estadounidense sobre el potencial “subversivo” de las iglesias y recomendaba mantenerlas bajo un estricto control y vigilancia. El Plan Cóndor instrumentalizó a nivel regional la participación de espías en las iglesias y facilitó la instalación de grupos religiosos alineados con los intereses políticos y militares de Estados Unidos. La estrategia se basaba en la hipótesis de que se podía detener el avance “comunista” desde un combate cultural y religioso.

-Los misioneros vinieron con dos misiones-dice el pastor metodista Heber Cardozo.

Pertenecientes a grupos evángélicos (protestantes, bautistas, pentecostatales), estos misioneros debían, por un lado, debían infiltrarse ideológicamente a través del apoyo a diferentes iglesias (en obras concretas de beneficencia) y por otro, del relevamiento de líderes que pintaban como “rojitos”. La tarea no solo recayó en los misioneros sino también en algunos criollos que estaban “prendidos de la teta norteamericana”, según el pastor. De acuerdo a un ex-miembro de la Iglesia Asamblea de Dios, “el discurso en la iglesia era anticomunista, incluso con textos bíblicos del Apocalipsis se justificaba que el comunismo era el anticristo. No se dejaba entrar a la iglesia a personas que fueran de izquierda o con ideas sociales, porque un poco de levadura leuda toda la masa. En esos tiempos pasaron muchos misioneros norteamericanos, que rotaban, financiados por estas iglesias”.

Los grupos religiosos, como muchas otras organizaciones, fueron vigilados por los dictadores. Entre otras cosas, se debía pedir autorización para realizar asambleas o reuniones especiales, se revisaban la listas de asistentes y autoridades a elegir. Las personas eran controladas de acuerdo al “certificado de fe democrática”, que clasificaba a los ciudadanos en tres categorías según su grado de peligrosidad individual. En el Departamento de Inteligencia del Ministerio del Interior, un hombre que actuaba bajo el nombre Alem (o Alen) Castro fue responsable por el control de iglesias y sindicatos. De la vigilancia en en misas y cultos, muy usual, se ocupaban los “tiras” (colaboradores de la policía vestidos civil) que informaban sobre los contenidos sociales y políticos de los servicios religiosos.

Según el pastor metodista Oscar Bolioli, actual presidente de la iglesia metodista, “hubo todo un trabajo de desmantelamiento social de parte de la dictadura que llegó a la iglesia también. El andamiaje ideológico se destruyó antes del golpe. Desde el 65 en adelante se comienza con este trabajo sistemático de los aparatos represivos.” Este abordaje represivo sobre las iglesias incluyó la infiltración, la censura, la desaparición y el exilio de intelectuales y religiosos.

En los años 60, las comunidades eclesiales de base, los curas obreros, la teología de la liberación y las experiencias de trabajo con sectores excluidos eran tierra fértil para el avance de influyentes teólogos e intelectuales, que trascendían lo religioso y se involucraban en lo político. Además, el movimiento ecuménico, conformado por sectores progresistas de las iglesias protestantes y católicas alentaba el compromiso político y social. estos espacios religiosos se convirtieron en reductos de libertad y participación para varios grupos que eran clandestinos o censurados: movimientos sociales, sindicatos, partidos políticos e intelectuales se cobijaron allí. Muchas revistas, tertulias, conferencias, ayunos, grupos de reflexión, marchas y discusiones crecieron en ese espacio abierto entre lo religioso, político, social y económico.

Desde el inicio de los 60 hasta la llegada de la dictadura, fue de gran relevancia un núcleo de pensamiento crítico teológico y político. En el sector protestante militaban figuras como el escritor Hiber Conteris, los profesores Julio Barreiro, Julio Santa Ana, Herman Kruse, Mabel Araujo, Mariano Arana y Rafael Guarga, el pastor valdense Carlos Delmonte, y los metodistas Emilio Castro y Earl Smith. El movimiento de la no violencia, liderado por el pastor Martin Luther King era de gran inspiración para estos pastores y laicos.

Del lado católico había intelectuales de la talla de Juan Luis Segundo, Héctor Borrat, Juan Pablo Terra, José Claudio Wiliman, Ricardo Cetrulo, Paul Dabezies, entre otros, y una línea de sacerdotes que incluía a Jorge Techera, Luis Perico Pérez Aguirrez, Adolfo Amexeiras, Juan Mosca, Jorge Faget y Giancarlo Moneta. Ellos, junto a pastores metodistas y lideres sociales como Efraín Olivera son claves en la fundación del SERPAJ.

El proceso fue acompañado por dos líderes religiosos clave: Carlos Parteli, arzobispo de Montevideo, y Emilio Castro, pastor metodista y miembro fundador del Frente Amplio, pluma asidua en el semanario Marcha, y participante en debates televisivos sobre temas de actualidad. Como referente en el mundo social y político, facilitó y encontró espacios de diálogo entre posturas opuestas.

Parteli también fue una figura más que destacada: en 1968 fue al entierro del mártir estudiantil Líber Arce, al año siguiente recibió la huelga de bancarios en la Catedral, y continuamente respaldó el accionar de curas en los barrios. Su liderazgo, pleno de gestos políticos y declaraciones con contenido social, contrastó con el de otros jerarcas católicos de la región que se plegaron al poder militar.

Para el embajador Héctor Lescano, del Partido Demócrata Cristiano, la “Carta pastoral sobre la reforma agraria” de Parteli generó un impacto político que quedó registrado en las actas del parlamento. Lescano recuerda con emoción la visita de Parteli a la central del Partido Comunista, junto al sacerdote Arnoldo De León, tras el asesinato de 8 militantes de la seccional 20 en 1972: “Era la primera vez que una jerarquía eclesiástica visitaba esa sede”.

Otro mojón ecuménico de esa época es son las declaraciones conjuntas del Arzobispado de Montevideo y la Federación de Iglesias Evangélicas del Uruguay (FIEU). En una de las más críticas, dirigida al entonces presidente Oscar Gestido en 1967, Parteli y el pastor valdense Juan Tron realizaron una fuerte denuncia de la pobreza, el analfabetismo, las violaciones a los derechos humanos y la desigualdad, que ubicaban como las causas de la violencia y la tensión en el continente, y reafirmaron el camino no para la solución de los problemas del país.

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-Hubo muchos miembros de la colectividad judía que tuvieron una actuación importante en la lucha contra la dictadura, pero lo hicieron de forma individual- dice Pedro Sclofsky. Recuerda especialmente a Eduardo Bleier, tesorero del Partido Comunista, desaparecido en dictadura y al tupamaro Mauricio Rosencof.

Nosotros usamos distintas instituciones, como la B’nai B’rith, para dar posibilidad de expresarse a personas que no estaban de acuerdo con el régimen”, dice Sclofsky, que tambień recuerda al movimiento Hashomer Hatzair: “era el grupo de izquierda más activo dentro de los grupos juveniles, que tenia actividades bastante abiertas en torno a su posición; hacían lo que podían dentro de lo permitido”.

Una importante cantidad de jóvenes judíos se habían incorporado al Partido Socialista, a Tupamaros y al Partido Comunista. Llegada la dictadura, desde el Comité Central Israelita se hicieron petitorios por los que habían sido detenidos. “Personalmente me entrevisté con Silvio Ledesma, que en su época era director del superior del tribunal Militar, por el caso de Maman, que estaba preso y sufriendo de cáncer. En ese momento fue la colectividad que solicitó la entrevista. Fue muy fuerte: no recuerdo haberme asustado tanto en mi vida como cuando me entrevisté con ese individuo”, dice Sclofsky.

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En filas protestantes, a fines de los 60, surgió la Agrupación Cristiana Revolucionaria, vinculada a jóvenes metodistas de Montevideo, que fue parte del MPU (Movimiento Popular Unitario) y del FIDEL (Frente Izquierda de Liberación).

-A los botijas del cantegril, de la Cantera de los Presos, en Malvin norte, los llevábamos de campamento. Le mostramos un mundo mejor, pero no cómo llegar a él: muchos gurises después agarraban Avenida Italia y querían volver caminando a Solymar, donde estaban los campamentos. Las palizas con cadenas era la realidad del barrio, mientras que en el campamento jugaban y se divertían. Hacer la comida juntos, juntar leña, esas eran las cosas que queríamos-, dice Oscar Delgado.

Otros grupos, como la Juventud Obrera Católica y Juventud Agraria Campesina, también alimentaron una actitud crítica en muchos jóvenes cristianos. “El problema aparece cuando te encontrás en todos lados con el mismo problema de la pobreza. Es ahí cuando te radicalizas”, dice Delgado.

Aunque la Agrupación Cristiana Revolucionaria predicaba la no-violencia (guiada por la referencia del Pastor Earl Smith, fundador del Movimiento de Reconciliación y Paz y luego el SERPAJ), otros cristianos empezaron a valorar el uso de la fuerza como herramienta válida para los fines revolucionarios.

Lalo Gallinares, Beatriz Benzano y Beatriz Baltazar, militantes católicos del MLN -T, nombran como inspiración a las experiencias sociales, a la figuras del sacerdote guerrillero Camilo Torres y al empuje del Concilio Vaticano II.

-En los años 60 y 70 se formó “una columna cristiana”. Había muchos sacerdotes y pastores y algunas monjas, muchos jóvenes vinculados a la pastoral social. Querían un país más justo, se comprometieron con la revolución y se jugaron la vida. Sentían “hambre y sed de justicia” y entendían que para un cristiano lo que más importa es el otro, la otra, y pelear por la vida de la gente- recuerda Benzano, ex monja en San José.

Algunos de estos militantes fueron asesinados en democracia, como el sacerdote Indalecio Olivera, y casi desconocido pastor Héctor Jurado Avellaneda, autodenominado metodista.

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Durante la dictadura jugaron un rol muy importante los organismos ecuménicos internacionales, y las iglesias en el exterior que presionaban a gobiernos y embajadas para hacer conocer la situación que se vivía en Uruguay. Las organizaciones más destacadas fueron Pax Romana, el Comité Judío Americano, y la Washington Office in Latin America, una ONG enfocada en derechos humanos con base en Estados Unidos y sin definición religiosa, pero cuyos primeros impulsores fueron pastores metodistas y luteranos.

-Una persona clave fue el rabino Rosenthal, de gran peso político en la época de Reagan. Él estableció un vínculo muy particular con el general Queirolo y pidió ingresar a las cárceles uruguayas para dar consuelo espiritual a los judíos. Empezó a venir al Uruguay con mucha frecuencia-, recuerda Juan Raúl Ferreira, quien tómo contacto con Rosenthal a través de WOLA, una, con la que trabajó entre 1976 y 1980..

Rosenthal, Parteli y el pastor Emilio Castro pasaron a articular información y acciones de incidencia. Ferreira opina que en aquella época el rol de las iglesias protestantes era más activo, sobre todo en el exterior: “Emilio era el padrino espiritual del exilio más pleno, era una figura que nos ayudó a sobrellevar el exilio”. Además de ejercer su labor pastoral, fue secretario general del Consejo Mundial de Iglesias, donde jugó un rol muy importante desde Ginebra denunciando la dictadura frente a los organismos internacionales.

Además del repliegue del episcopado católico y la pasividad frente al exilio del obispo de Salto, Marcelo Mendiarath, existe por parte de varios católicos una mirada crítica sobre la actuación de algunos obispos en ese tiempo. Dos casos se repiten en entrevistas y documentos: Antonio Corso y Carlos Mullin.

-El pobre monseñor Corso, era un hombre muy conservador: a mí me llego a decir que Juan XXIII era comunista. Era un hombre anterior al Concilio Vaticano y votaba siempre con Lefebre-, dice Cayota.

Paul Dabezies, por su parte, opina que el nombramiento del obispo Carlos Mullin como Monseñor permitió fortalecer el polo conservador del episcopado: “Le dio más libertad para seguir adelante con su persistente empeño por lograr la creación de una universidad católica” plantea Dabezies en un “ No se amolden al tiempo presente”, un extenso trabajo publicado en 2009 (OBSUR- Facultad de Teología del Uruguay). El golpe había llegado también a la iglesia católica y Parteli perdia protagonismo.

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La vida espiritual tal vez sea uno de los aspectos menos conocidos de la experiencia en el Penal de Libertad. Muchos ex-presos -incluidos algunos sin historia religiosa previa, como Henry Engler- valoran positivamente las misas y la atención espiritual que se conseguía en la cárcel.

-Yo fui ateo toda la vida y te sorprendía. Era una forma de salir y estar juntos. Fui a la primer misa y para mi sorpresa Raúl Sendic estaba sentado en la primera fila- rememora Artigas Gandaro.

En Forjando caminos de liberación: la Iglesia Metodista en tiempos de dictadura, Ademar Olivera recoge un recuerdo entrañable de la celebración o misa -como le decían- de la “navidad del 72”, en la que se hicieron tres oficios y bajó el 80% de los presos del tercer, cuarto y quinto piso (los del primero y segundo no podían salir por ser considerados más peligrosos). El grupo que realizó el oficio estaba conformado por los sacerdotes José Bidegain, Salvador Burges, Manuel Dibar, Carlos Fernández, Pier Luigi, Luis Rouve, Solón Verissimo, los pastores metodistas Miguel Brum, Heber Cardozo y el mismo Olivera, el pastor bautista Jorge Valenzuela y al menos otros diez laicos valdenses, católicos y metodistas.

La música fue de mucho valor durante esas celebraciones. Heber Cardozo recuerda la presencia de varios instrumentistas: “Pivel, primer violín del SODRE, Alvaro Botto, concertista de guitarra, Aníbal Sampayo, Washigton Prieto y músico de Juan Lacaze y nosotros con la guitarrita”:

-Fue un momento memorable, se cantó “La noche de los pobres”, “Hemos de vencer”, de Martin Luther King y otra canción de Sampayo sobre la Navidad. El momento cúlmine fue cuando hicimos todos juntos “Cuando los Santos vienen marchando”, que dice: “Él nos dará la libertad, cuando venga a rescatarnos, el nos dará la libertad”.

En la cárcel de mujeres también se sentían la fe y la solidaridad en medio del horror, aunque con con menos “libertad” que en el penal. Beatriz Benzano cuenta que, al igual que ella, decenas de monjas abandonaron los hábitos, de las que al menos tres o cuatro estuvieron vinculadas al MLN-T y fueron presas, sufriendo torturas y violencia sexual.

-A pesar de estar yo incomunicada con el resto de las compañeras, Mabel Araujo, que andaba siempre leyendo la Biblia consiguió pasarme de contrabando un pequeñísimo Evangelio de San Lucas, de ésos que reparten los protestantes, y que conservo como una reliquia hasta el día de hoy. Porque ella se jugó una sanción por pasármelo y también porque las biblias estaban prohibidas.

Mientras tanto, en el ámbito de algunas iglesias protestantes y católicas se organizaba, de manera clandestina, formas de apoyo a los familiares de detenidos que precisaban hacer visitas a los distintos cuarteles del interior y especialmente al Penal de Libertad.

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Durante la dictadura las iglesias cobijaron la participación política, que estaba censurada y prohibida en los sindicatos, partidos políticos y otras organizaciones. En este sentido, fue clave el espacio de militancia política y religiosa del SERPAJ; el ayuno que organizó en 1983 fue una de las expresiones de fe y resistencia en la salida de la dictadura.

Como forma de resistencia no violenta, el ayuno se diferencia de la huelga de hambre, por su perfil religioso y porque tiene un plazo. Así, del 11 al 25 de agosto Perico Pérez Aguirre, Jorge Osorio y Ademar Olivera -miembros religiosos del SERPAJ- comenzaron un ayuno junto a una creciente comunidad de resistencia que los respaldaba.Se prepararon volantes, se hicieron estudios bíblicos, meditaciones y oraciones, tres veces por día.

-El ayunante se identifica y se pone en el lugar de la víctima, de los que tienen hambre y sed de justicia- cree Olivera.

Por su parte, el obispo Corso opinaba entonces:

Es un ayuno pseudo religioso e importado y de claro contenido político.

Mientras tanto, el Ministerio del Interior preparaba un gran operativo para el 25 de agosto, fecha para la que diversas organizaciones sociales convocaban a un caceroleo y un apagón de 15 minutos. Ese día, la policía detuvo a 225 personas congregadas de forma espontánea en el centro de la ciudad para apoyar el ayuno. El hecho fue un empuje al pedido de amnistía realizado por FUCVAM, ASCEEP, PIT, Familiares y el propio SERPAJ.

Las iglesias también tuvieron un rol importante en la coordinación de la reunión de la Convergencia, donde junto a partidos políticos y organizaciones sociales definieron los aspectos humanos, políticos y económicos que facilitaran la vuelta del exilio. Es allí que se decide la creación del Servicio Ecuménico de Reintegración, que funcionó en la Asociación Cristiana de Jóvenes y fue financiado por el Consejo Mundial de Iglesias, la Diakonia de Suecia, y otras organizaciones eclesiales e internacionales de derechos humanos. El plan apoyó con 414 puestos de trabajo y benefició a alrededor de 8.000 personas. Al finalizar su objetivo inicial, el Servicio Ecuménico de Reintegración se transfromó en lo que hoy conocemos como SEDHU (Servicio Ecuménico Dignidad Humana), brazo operativo de la ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en Uruguay.

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30 años después algunos religiosos y religiosas vuelven a creer que la fe es lo último que se pierde. La Mae Susana y los otros miembros, religiosos o no religiosos, comparten una misma fe, “destruir la cultura de impunidad colaborando con la Verdad y la Justicia”. El pastor Olivera enfatiza que es una tarea colectiva y no solo del Grupo de Trabajo, es una búsqueda “junto con personas y organizaciones de Derechos Humanos” para de esta manera “poder hacer un aporte importante en esta causa, que pertenece y afecta a toda la sociedad.” afirmo.

Así mismo comparten una visión de que la búsqueda de la Verdad y la justicia no es una tarea sencilla. El pastor Olivera reflexiona que eso se debe a varios factores “implicados y protagonistas de esos hechos dolorosos del pasado reciente se niegan a hablar” o incluso “familiares y testigos que han muerto” agrega así mismo la existencia de trabas “a nivel de los trámites judiciales; la engorrosa tarea de indagar y actualizar documentos”. Los miembros tratan de evitar expectativas inadecuadas, buscan abocarse al trabajo a modo de fe puesta en práctica.

Para las diferentes fe religiosas lo textos o relatos sagrados tienen un valor trascendente. Tanto en la tradición judeocristiana la Tora y la Biblia, y en la umbanda los relatos orales, hacen claras referencias al valor de la memoria, inclusive a la importancia de tener un lugar donde ir a llorar a los que ya no están.

A partir de la experiencia de resistencia, sufrimiento y memoria se abren preguntas: ¿Dónde están?, ¿Quiénes son? ¿Por que los desaparecieron? Son interrogantes presentes en las marchas, oraciones, misas, ayunos y ritos de muchos de estos grupos religiosos. Para muchos ayer y hoy la fe es motor para el compromiso, que no es ajeno al otro y la otra y que conlleva muchas veces a compromisos de resistencia y de no sumisión al autoritarismo, aunque esto tenga sus costos.

Lic. Nicolas Iglesias Schneider

@nicois1983

Fuente: Revista Lento, Octubre 2015.

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