Jesús Herrero Estefanía – Chile1

Resumen

El presente texto plantea el conflicto que generaron los Mega-proyectos hidroeléctricos denominados «Hidroaysén» en términos de vulneración de los derechos socio-ambientales y de justicia ecológica.

Es una crónica de los principales sucesos que se desarrollaron en esos años y en los que se confrontaron dos posturas irreconciliables; por un lado, las presiones y chantajes de las empresas contra la población, avaladas por el gobierno chileno, y por otro, la resistencia de los propios patagones en la que la Iglesia jugó un papel relevante.

Aparece la reivindicación al Derecho Humano al Agua desde criterios recogidos en el derecho internacional, fundamentada en una reflexión ético-espiritual y defendida en las luchas populares.

Finalmente, el balance de los acontecimientos hace recordar al episodio bíblico de la lucha entre David y Goliat ya que fue una pequeña y apartada población organizada la que pudo derrotar a un gigante empresarial transnacional.

Introducción

Aysén es un Territorio situado en la Patagonia chilena que contiene enormes riquezas naturales. Además de sus bosques y recursos pesqueros, en su subsuelo se hallan abundantes metales preciosos como el oro y la plata. Pero sobre todo es considerada como la tercera reserva mundial de agua dulce del mundo debido a sus extensos Campos de hielo, a los numerosos lagos y los caudalosos ríos que la habitan. Por eso fue declarada como una «Reserva de Vida» (Guías Aysén, 2018).

Históricamente fue ofrecida en venta por el Estado chileno en el siglo XIX. Poco después fue ocupada por estancieros ingleses que comerciaban con la lana de oveja. Fue colonizada por mapuche-huilliche provenientes de Chiloé en el litoral y por chilenos «argentinizados» en el interior. A comienzos del siglo XX llegaron muchas familias de emigrantes españoles y alemanes. La región fue fundada como tal y gobernada por Carabineros y Militares (Martinic, 2005).

En la actualidad es una región muy poco poblada y con grandes dificultades de conectividad terrestre por su agreste geografía. La Patagonia Aysén continúa siendo un Territorio olvidado, postergado y ninguneado por el Estado chileno pero muy apetecido por poderosos intereses industriales y comerciales de origen y capital extranjero.

Es en esa realidad en la que voy a situar y describir un conflicto socio-ambiental que se dio entre los años 2005 y 2011 y que nombramos como «la lucha contra Hidroaysén». El mega-proyecto hidroeléctrico Hidroaysén amenazaba el derecho humano al agua y a vivir en un ecosistema socio-ambiental sustentable.

En aquel proceso la Iglesia de Aysén, a través de las Comisiones Agua-Vida y Justicia y Paz, jugó un papel relevante al igual que las comunidades cristianas de la zona al posicionarse y movilizarse en contra los mega-proyectos hidroeléctricos que se pretendían instalar en el Territorio. La Iglesia tomó partido por las localidades en conflicto para que Aysén no se convirtiera en una «zona de sacrificio».

Contextualización

Para entender mejor el conflicto que se planteó, debemos remontarnos a la legislación vigente que permitió la generación de proyectos que amenazaban el equilibrio ecológico y social en la región.

Con la entrada en vigencia de la Constitución política en 1980, se establece para Chile la nueva política económica neoliberal, se desprenden como consecuencia una cantidad de leyes y decretos que permitieron la transferencia de las empresas del Estado a manos privadas.

Entre ellos se destaca el Decreto con fuerza de ley nº 1.122, del 13 de agosto de 1981, que otorga el derecho a particulares de adueñarse de las aguas en forma gratuita y a perpetuidad.

Una vez otorgados los derechos de agua a particulares, el Estado ya no puede intervenir, esto genera que se otorgue a los propios particulares toda transacción y comercializando el agua como si se tratase de cualquier otra mercancía. Por eso solo en Chile la privatización del agua es total ya que se entrega el recurso mismo, su distribución y su gestión, a privados.

Conocedores de las leyes y decretos, personeros de gobierno de la dictadura no dudaron en hacer sus negociados personales con los derechos del agua promulgados en 1980. Así en 1990, cuando privatizan Endesa, la empresa estatal de energía eléctrica, obtienen pingües beneficios y les sobra como para dejar en manos del capital extranjero de las transnacionales el llamado «hidro-negocio» que fomenta la especulación y el acaparamiento otorgando al agua un valor económico como si fuera una mercancía sujeta a procesos de privatización y mercantilización despojándole así de su valor de «Bien natural común» y de «Don del Creador» (Monckeberg, 2016).

Como en otros campos se favorecería la creación de nuevos monopolios y de alianzas con las transnacionales del agua, impulsadas y apadrinadas por quienes promueven la política global: el Banco Mundial, el Fondo Monetario internacional, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Orígenes del conflicto

En septiembre de 2006 aparecieron en la Patagonia Aysén nuevos tentáculos del neocolonialismo. Ese nuevo rostro depredador fue nombrado como: «Hidroaysén».

Hidroaysén era un nombre de fantasía que se creó con la alianza entre la empresa Endesa con el 51% del capital y Colbún con el 49%. La primera de capitales españoles y la segunda propiedad de una de las siete familias dueñas de Chile. Pretendían realizar un Mega-proyecto que contemplaba la construcción de cinco grandes represas en los ríos Baker y Pascua interviniendo 5.910 hectáreas, de las cuales 4.010 hectáreas pertenecientes a familias campesinas, serían inundadas.

Las Mega-represas producirían 2.750 Mw y transportarían la energía hasta Santiago con una línea de corriente continua de unos 2.300 Kms. La energía que se produciría no se podrá usar en Aysén, sino que se destinaría exclusivamente para las mineras de cobre del Norte Grande.

De concretarse Hidroaysén, los efectos socio-ambientales serían nefastos para los ecosistemas naturales y sociales. Estudios especializados indicaron que la creación artificial de grandes y extensos «espejos de agua» alteraría la temperatura de la zona acelerando el derretimiento de los ampos de Hielo Sur de la región (Romero Toledo, 2014).

También se vería afectado el PH del agua del mar en la desembocadura del río Baker produciendo una alteración irreparable en la flora y en la fauna marina a lo largo de miles de kilómetros cuadrados de mar. Las grandes zonas inundadas destruirían el turismo rural, la ganadería, los bosques y humedales aumentando el desempleo y la pobreza del Territorio y de sus comunidades.

Impulsando procesos comunitarios de información, formación y acción

Frente a esta amenazante realidad, los habitantes comenzaron a informarse y a organizarse y como parte de ella, también lo hizo la comunidad cristiana en torno al Vicariato Apostólico de Aysén.

El 5 de junio de 2006 el Vicariato difundió una Declaración Pública en la que, por medio de preguntas cuestionadoras, se invitaba a tomar conciencia sobre la amenaza socio-ambiental que podrían suponer los Mega-proyectos hidroeléctricos para la Región.

Al año siguiente se creó la Comisión Agua-Vida con el propósito de coordinar el trabajo de reflexión y acción de los diversos grupos creyentes que se iban posicionando contra los Mega-proyectos y para sumar una visión ético-espiritual de la temática a las organizaciones que estaban dispuestas a combatir el «desembarco de Hidroaysén» con planteamientos científicos, eco-políticos y sociológicos.

Por su parte la empresa, con el apoyo del gobierno, avanzaba en su propósito blindándose jurídicamente y trasladando a la región maquinaria pesada, helicópteros y profesionales especializadosEn efecto, así comenzaba la «lucha contra Hidroaysén»; una pequeña comunidad frente a un consorcio empresarial, el pueblo patagón frente al Estado chileno, la publicidad engañosa frente a la autoformación, la compra de conciencias frente a la dignidad y la decencia, David contra Goliat.

La Iglesia, liderada por el obispo Luis Infanti, fomentaba una toma de conciencia desde las bases invitando a la información y el debate abierto. Así iban descubriendo y asumiendo que la Iglesia, como Jesús, existe para «evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos, para buscar y salvar lo que estaba perdido» (LG 8). Y también que la dimensión política de la fe no es otra cosa que la respuesta de la Iglesia a las exigencias del mundo real socio-político en que vive la Iglesia.

Grupos como la Comunidad Óscar Romero de Coyhaique, la Pastoral Social o la Comisión Justicia y Paz, tomaron conciencia de su misión; aquella que parte de la realidad y de los pobres y comporta una incidencia política para defender los Derechos Humanos en medio de las situaciones de injusticia, desigualdad y pecado estructural en el que viven nuestras sociedades latinoamericanas. Esas situaciones tienen responsables concretos y actores sociales que pueden balancear la realidad hacia un lado más justo y fraterno o hacia otro que mantenga el Statu Quo.

La fe cristiana debía concretarse y expresarse en acciones que le dan cuerpo, en las que Jesús «toma cuerpo» y se «incorpora» a la historia. Así, la dimensión política de la fe se convirtió en una manera concreta de organizar la esperanza y, por lo tanto, un medio para asumir el propio destino y encarar el futuro (Ellacuría, 2000).

Ante los cuestionamientos referidos a cómo la Iglesia se estaba «metiendo en política» y estaban tomando partido por posicionamientos izquierdistas, las comunidades reflexionaron con los textos de Monseñor Óscar Romero cuando afirmaba, por ejemplo, en su discurso en la Universidad de Lovaina «Dimensión política de la fe desde la opción por los pobres» que:

No se trata de que la Iglesia se considere a sí misma como institución política que entra en competencia con otras instancias políticas. Se trata de algo más profundo y evangélico; se trata de la verdadera opción por los pobres, de encarnarse en su mundo, de anunciarles una buena noticia, de darles una esperanza, de animarles a una praxis liberadora, de defender su causa y de participar en su destino.

Esto se entiende porque la defensa y promoción de los Derechos Humanos debe incluir y priorizar a los pobres porque si los Derechos Humanos no son de todos, no son Derechos.

En los talleres formativos se fue descubriendo y conversando también sobre la relación entre la problemática que se planteaba en la región y lo que la tradición manifestativa bíblica sugería, y así encontraron un texto central para su reflexión: «La tierra no puede venderse a perpetuidad, porque la tierra es mía, y ustedes son huéspedes en mi tierra» (Lv 25,23). Ese texto iluminaba el sentido profundo de por qué un latifundista, una empresa o un Estado no pueden apropiarse sin más e impunemente de la tierra y del agua y de los demás Bienes Naturales Comunes sin ninguna restricción ética y de justicia social. La propiedad privada no puede ponerse por encima del Bien Común y para la comunidad, el Dios creador y liberador será siempre el garante y fundamento de ésta opción.

Y eso porque las víctimas del capitalismo son siempre la naturaleza y el ser humano que forma parte de ella, porque atenta contra las personas y las comunidades cuando los consideran como una mercancía, llegando incluso a usar el término como recursos humanos y depreda la naturaleza abusada para sacarle ganancias económicas. En esa lógica no se habla, por ejemplo, de «agua», sino de «recursos hídricos».

En los encuentros que denominamos: «Por los Cauces del Agua y de la Vida» se proclamaba comunitariamente el Cántico de Daniel (Dn 3, 59-82) que se hermanaba con el Cántico de las Criaturas de Francisco de Asís donde cada elemento de la Creación tiene su propia consistencia para bendecir al Creador, donde hasta la materia es sagrada.

En las reflexiones y discusiones redescubrieron el agua como un Don del Dios de la Vida y un patrimonio de la humanidad, vieron un elemento natural que favorece una vida digna, y por eso era un escándalo y un pecado social la depredación y la indignidad de la pobreza que produce su acaparamiento en el mundo y en la Patagonia.

El agua necesaria para todo ser viviente, exigía una gestión democrática, participativa y solidaria, con sabiduría y amor. La base ética de tales políticas se encuentra en el valor esencial de la vida, en el respeto a los derechos humanos y en la dignidad de todos los seres de la creación. Eso se denomina ya como «ecología social» por parte de algunos ecólogos y teólogos.

Pero son los empobrecidos quienes más cuestionan e interpelan a todos, quienes expresan y hacen presente las palabras de Jesús: «Les digo que, cuanto dejaron de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejaron de hacerlo» (Mt 25, 45).

Porque no se podía separar el ser humano de su medioambiente y, como afirma Leonardo Boff siempre: «El grito de la Tierra es el grito de los Pobres». El Dios de Jesús está crucificado en el pueblo crucificado y en la naturaleza crucificada. Así concluyeron que la lucha por un agua comunitaria y solidaria, compartida según los criterios de la solidaridad y la gratuidad, debía convertirse en un imperativo ético, social y espiritual (Boff, 2006).

Algunos grupos conservadores de iglesia, vinculados a la derecha económica y política, cuestionaban los planteamientos y acciones promovidas por las comunidades considerándolos heréticos y peligrosos. No entendían que mantener una visión antropocéntrica, excluyente y depredadora era ajena a los criterios del evangelio de Jesús.

Tampoco acertaban a distinguir entre panteísmo y panenteísmo. No se afirmaba que «todo era Dios» (pan-teísmo) sino que «Dios estaba presente en todo» (pan-en-teísmo) y, por lo tanto, todo lo creado merecía el mismo respeto y veneración por tener la misma dignidad.

Esta nueva visión ético-espiritual comenzó a ser valorada por diversas organizaciones y personas agrupadas en el Consejo de Defensa de la Patagonia ya que sumaba a los argumentos científicos y sociológicos, una nueva fundamentación ética y espiritual que conectaba con la experiencia del pueblo patagón y los planteamientos ecologistas.

Pero la incidencia política de la fe es también fuente de conflicto. El compromiso político de las comunidades cristianas es menospreciado y atacado porque cuestiona los elementos del poder que generan injusticia, también dentro de la propia Iglesia, y lo hace al modo de Jesús. Algunos miembros de las comunidades fueron empadronados en sus domicilios e interrogados por la Policía de Investigaciones, otros fueron detenidos acusados de desórdenes públicos y muchos reprimidos y golpeados en las marchas de protesta contra Hidroaysén.

Desenlace

El 9 de mayo de 2011, las autoridades regionales, siguiendo las indicaciones del gobierno de la nación, aprobaron la Calificación Ambiental del proyecto Hidroaysén. Ese balde de agua fría para todo el Movimiento de Patagonia sin Represas, se tradujo inmediatamente en una movilización social creciente. En la localidad de Coyhaique, de apenas 50.000 habitantes, se marchaba semanalmente con más de 6.000 personas en la calle. En Santiago de Chile se concentraron en el mes de agosto de ese mismo año, más de 100.000 personas.

La Comisión Agua-Vida difundió una Declaración el 21 de mayo del 2011 que concluía con estas palabras:

Como Iglesia de Aysén continuaremos acompañando las acciones contra la invasión prepotente de los grandes intereses económicos nacionales e internacionales amparados por los gobiernos de turno. Estaremos presentes y solidarios con los vecinos y comunidades que están siendo más perjudicados por la represión del gobierno. Finalmente, seguiremos propiciando Movilizaciones, Encuentros y Diálogos Ciudadanos para seguir avanzando, con la convicción de que, nuestro deber como seguidoras y seguidores de Jesús de Nazaret, es defender los ecosistemas naturales, sociales y culturales de nuestra Patagonia con nuestra propia vida.

Durante esos meses se organizaron actividades por iniciativa de la Comisión que se sumaban a otras puestas en marcha por las organizaciones populares.

Una de ellas fue el «Gesto por el Agua» que invitaba a descubrir, a través de los símbolos, la sacramentalidad del agua como fuente de vida y a contemplar la naturaleza con una mirada interior más clara. Consistía en caminar todos los martes alrededor de la plaza en silencio y con un pequeño recipiente de agua en las manos. Al finalizar la caminata el agua se vertía en un pequeño árbol plantado allí al que nombraron como: «el árbol de la esperanza».

Otra actividad significativa fue la llamada «Por los Cauces del Agua y de la Vida» que estaba compuesta por diferentes acciones: un Foro, una Velatón y dos intervenciones ciudadanas frente a la Intendencia Regional y a la sede de la empresa Hidroaysén.

También el programa radiofónico «A viva Voz» de la Comisión Justicia y Paz, se puso al servicio de estas temáticas durante esos meses posteriores a la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental.

La presión llegó a hacerse internacional gracias a la Campaña “Patagonia sin represas” que logró implicar a muchos actores del mundo social y cultural y atrajo las simpatías de muchos medios de comunicación.

Finalmente, apenas un año después, el 10 de junio de 2012, ante la presión popular y el descontento creciente que se manifestaba en las calles, el Consejo de ministros del gobierno de Michelle Bachelet dejó sin efecto la Resolución de Calificación Ambiental otorgada en mayo de 2011 con lo que se paralizó definitivamente el Mega-proyecto. Hidroaysén había muerto y David había vencido una vez más a Goliat contra todo pronóstico.

Conclusiones

Personalmente considero esta experiencia como algo único y, tal vez, irrepetible. De esta forma nos encontramos con un Territorio de periferia geográfica, social y política, sin conectividad terrestre, poco poblado, con una presencia militar y policial abrumadora desde el inicio mismo de su poblamiento. Así como con unos ecosistemas únicos en el mundo, con intereses económicos manipuladores, prepotentes y depredadores y con unas autoridades cautivas por la mentalidad desarrollista neoliberal, y finalmente con una ciudadanía y una Iglesia de tendencia más bien conservadora… ¿Qué podíamos esperar?

Pero nadie contaba con la fuerza que puede alcanzar lo pequeño cuando se entrega con generosidad de forma gratuita y comunitaria. Nos fiamos enteramente, por una vez, de la Buena Noticia de Jesús y la vida pujó por encima de la muerte. Parafraseando el salmo 84, puedo decir que: «La fe y la política se dieron cita y la justicia y la paz se besaron».

Notas

1. A.GUÍAS AYSÉN, Historia y Geografía regional de Aysén, PER Aysén 2018. (pp 2-12)

2. M. MARTINIC, De la Trapananda al Áysen. Pehuen Editores 2005. (pp 87-102)

3. M.O. MONCKEBERG, El saqueo de los grupos económicos al Estado de Chile. Debolsillo, Santiago de Chile 2015. (pp 54-89)

4. H. ROMERO TOLEDO, Ecología política y represas: elementos para el análisis del Proyecto HidroAysén en la Patagonia chilena. Rev. geogr. Norte Gd.  no.57 Santiago mayo 2014. (pp 2-10)

5. I. ELLACURÍA, Iglesia de los pobres, sacramento histórico de salvación. Escritos teológicos II (2000). San salvador, UCA Editores. (p 458)

6. L. BOFF, Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres. Trotta, Madrid 2011. (pp 12-30)

1 Ensayo presentando en el Concurso de ensayos académicos sobre Fe y Derechos Humanos denominado: «Monseñor Carlos Parteli y Pastor Emilio Castro».